En Guatemala ya se puede presumir el nuevo récord nacional: cómo pagar casi diez millones de quetzales para que una obra quede a punto de ser un campo de tierra, estilo "vintage". La Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala (CDAG) nos regala la joya de un estadio Doroteo Guamuch Flores renovado solo al 30%, demostrando que cumplir plazos y entregar obras es más bien un mito urbano.

Según la Contraloría General de Cuentas, aunque se desembolsaron Q9,565,713 a Bremar, S.A., la constructora encargada, apenas se completó un 29.92% del trabajo. Y no, no es porque el estadio anda en modo pausa por contemplación artística, sino por una serie de fallas técnicas desde la licitación. ¡Imagínese! Omitieron requisitos básicos como fianzas y experiencia en grama sintética, bases que ni siquiera la Junta de Licitación consideró. En conclusión, la plata se fue y la obra se quedó «regalándonos» tierra desnuda para entrenar a pulmones.

El asunto se puso tan serio que se terminó denunciando a 12 funcionarios de la CDAG ante el Ministerio Público por estas irregularidades que podrían costar más de Q32 millones. Y mientras algunos siguen en la nómina, la remodelación pasó a manos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), porque aquí, si algo funciona bien, ya no es guatemalteco. Todo un ejemplo de gestión y control que conjuga burocracia y creatividad chapina para dejarnos con estadios semiabandonados y bolsillos llenos de excusas.

Fuente: Prensa Libre