En la arena del Congreso chapín, los diputados protagonizan un reality de "¿Quién quiere el poder del sillón?" mientras el pueblo agita el tanque vacío esperando un milagro que no llega. La iniciativa de subsidio a los combustibles quedó varada, no por falta de necesidad, sino por exceso de discusiones y votos huidizos dignos de una telenovela política.
Intentaron aprobar una Ley de Apoyo Temporal para aliviar los precios disparados del diésel y la gasolina, propuestos con subsidios de Q8 para diésel y Q4 para gasolinas, pero no alcanzaron los 107 votos necesarios. Entre insistencias para eliminar el impuesto a la distribución de petróleo y maniobras de conflicto político, el proyecto fue más traqueteo que una motocicleta sin gasolina.
Los ministerios de Finanzas, Economía y la SAT presentaron indicadores que ni el mejor orador podría convertir en argumento sólido frente al bloqueo congresional. La realidad con olor a gasolina es que, mientras los precios suben y suben, las discusiones bajan y bajan, y la división se ahonda como charco después de lluvia en carretera chapina.
Fuente: Prensa Libre