¿Qué tienen en común un museo colonial, un contrato de armas y una universidad pública? Pues, si eres Liwy Grazioso, son escalones en la escalera hacia la renuncia. La ministra decidió tomarse un descanso justo cuando el Ministerio de Cultura parecía una vitrina de dramas sin filtro, casi como una novela chapina con capítulos sorpresa.

Entre allanamientos en el Museo de Arte Colonial que terminaron con piezas ancestrales mudas y mudadas a otro sitio, y contratos para la compra de armas que parecían más un asunto familiar que público, la gestión de Liwy se convirtió en un juego de mezcla de culturas, balas y nepotismo. Por si fuera poco, su última jugada fue darle luz verde a un proyecto de conservación arqueológica que terminó con la Universidad de San Carlos en cierre y un campus tomado por encapuchados. Todo un combo digno de telenovela política.

Esta cadena de eventos no solo evidenció una baja ejecución presupuestaria como el peor chiste del presupuesto público, sino también un choque de instituciones que dejaron al público preguntándose si el Ministerio de Cultura es una agencia de patrimonio o un campo de batalla. Entre piezas coloniales, armas y el polvo universitario, Liwy decidió no pasar más temporadas en esta serie en vivo, dejando tras de sí un legado para el recuerdo, o al menos para la reflexión sobre qué hacer con el teatro cultural chapín.

Fuente: Prensa Libre