En una jugada digna de las novelas de ciencia ficción más absurdas, la NASA decidió equipar su flamante nave Artemis II con un inodoro de 23 millones de dólares... que les dijo adiós nada más despegar. Sí, parece que en la conquista lunar el verdadero enemigo no es la gravedad ni el espacio, sino el sistema de plomería que hace que los astronautas regresen a los viejos métodos: bolsas de contingencia, la nueva estrella del viaje.
La misión Artemis II, que promete llevar a la humanidad a la órbita lunar por primera vez con este tipo de tecnología, se vio enfrentada a un ventilador de inodoro atascado, que produjo una misteriosa acumulación de orina congelada en las tuberías. Si pensaban que las complicaciones eran solo científicas, cabría agregar un toque humorístico: ¡un problema con la evacuación de desechos líquidos! Mientras el equipo en tierra remaba contra esa corriente, los astronautas aprendieron en tiempo real las nuevas generaciones de sistemas plásticos plegables para la orina.
Tras una breve reparación que devolvió esperanza y alivio temporal, el percance volvió a aparecer, confirmando que el sistema de saneamiento espacial parece más una prueba piloto para las futuras generaciones de baños que un equipamiento fiable. Todo esto mientras la NASA busca la causa exacta, probablemente apuntando a la eterna misión: no dejar que la orina se convierta en un cubito de hielo en la línea de ventilación. La hazaña lunar no será solo en el espacio, sino también en el manejo de baños lujosos que a veces resultan tan prácticos como un baldón en pleno Kennedy Space Center.
Fuente: Prensa Libre