En la Universidad de San Carlos, la elección a rector pasó de ser un evento académico a un juego de escondidas: Walter Mazariegos decidió que para ganar simplemente tenía que hacer desaparecer a la oposición del mapa electoral. ¿Para qué contar votos cuando puedes contar solo a tus amigos aprobados?

El Consejo Superior Universitario, en su infinita sabiduría (o picardía), acreditó solo a los cuerpos electorales que le caían bien a Mazariegos, dejando fuera a 14 cuerpos opositores que preferían a Rodolfo Chang, el verdadero ganador según los votos simbólicos. Una elección en "petit comité" a puerta cerrada en Antigua, que despertó protestas, denuncias y hasta investigaciones de la Contraloría General de Cuentas y el Ministerio Público por posible fraude y violación a la ley de probidad, porque salir sin finiquito ya no es opción ni en la universidad pública.

Mientras Mazariegos se prepara para un cuatrienio más (2026-2030) asegurado por el control del padrón electoral, el país observa cómo se legalizan los atajos para mantenerse en el poder. Si la política nacional chapina tuviera un espejo, seguro sería esta elección universitaria donde el fraude es arte y la exclusión herramienta.

Fuente: Prensa Libre